Por ese extraño modo de escribir

Hace unos días hablaba con Victorio, hablaba es una manera de decir, por chat era en realidad nuestra conversación y entre otras cosas hablábamos de los índices, NIKKEI, DAU JONES, Que se entienda bien, como la mayoría de la gente del planeta no entendemos un carajo de esos términos pero trabamos de darle forma a un articulo que hablara de eso.

La verdad no me salio nada, solo seguí borroneando papeles, algo que tampoco es cierto porque escribo en la compu y desde ahí va quedando algo la goma de borrar no interviene en
absolutamente ningún momento de este proceso. Pero termino saliendo algo como lo que viene a continuación y me gusto tanto que además fue editorial de la otra locura que llevo adelante que es la de hacer radio una vez a la semana y sin importar mucho si me escuchan o no. Solo por hacerlo, solo por tener esa sensación única que es "estar al aire", el momento de decir.

A continuación lo que quedo de aquella charla virtual con mi amigo Victorio.
Vida digital.

En los últimos días, por casualidad o no se porque que cosa, en distintas situaciones me encontré con notas o comentarios que tiene que ver con la tecnología y nuestra forma de vida. Debo confesar que hace más o menos seis meses que no voy a ninguna parte sino tengo 1 Gibabyte de memoria colgado al cuello. Por las dudas vio.

La realidad nos muestra que cada vez estamos mas alejados de la piel y mas cerca de cualquier cosa que sea electrónica. Mas lejos de las caricias y mas cerca de las cámaras digitales, olvidamos darnos un beso todas las mañanas pero no salimos sin memorias usb, olvidamos comprar comida para el perro pero no de cargar, como corresponde, reproductores de mp3, celulares, laptop y un sin fin de cosas que nos hacen mas completos o con las que creemos estar mas cerca de la felicidad.

Los chicos se enamoran por email, y viven sus aventuras y sus secretos contándolos por MSN o SMS. Pareciera que la tendencia es esa, a ponerles pocas letras en el nombre a eso que no podemos explicar. La generación arroba como algunos antropólogos llaman a los niños que nacieron a fines de los 80 y comienzos de los noventa, esta marcada por esta rara forma, el consumismo. No conocen la tele sin control remoto y piensan que el teléfono siempre existió. Pero en realidad ¿la culpa es de ellos o somos nosotros quienes deberíamos mostrarles los otros valores, lo que no se miden en bytes? Ellos nacieron con la tecnología, nosotros la incorporamos. ¿O tal vez debería decir ella nos absorbió?

Hace unos días, y planeando algo que quiere ser un proyecto me encontré con un ejemplar de “El Principito”, de Antoine Saint Exupéry. Me quede como una hora mirando y buscando capítulos diferentes, recordando frases y tratando de hallarlas en sus páginas, entre dibujos y momentos para el recuerdo de mis 14 o 15 cuando llego por primera vez aquel libro pequeño a mis manos, para que no lo olvidara nunca más. Ahora pienso y me doy cuenta que en realidad fue ese libro en particular que no podría haber sido cualquiera, con el en las manos caí en la cuenta de que lo que uno disfruta es el roce con las hojas, el contacto con las paginas amarillas por el tiempo, eso y no otra cosa es lo que mas se disfruta. Y mas tarde el comentario de Marcela que sigue sacando fotos en rollo porque le encanta revelar, o el nene de José que quiere conseguir una bandeja de discos porque dice que suenan mejor. Ese roce interminable de la púa contra las imperfecciones del surco que se replican en sonidos y a un nene de nueve lo pueden maravillar.

Tal vez vaya siendo tiempo de parar la pelota de desconectarnos, de apagar el celular por un día e ir de visita a la casa de alguien, de intentar pasar un día sin conectarnos a Internet, de pensar en un día de campo sin luz eléctrica ni ipod. Un día para mirar a los costados porque alguien puede estar necesitándonos o ofreciendo ayuda que ignoramos porque no viene de forma digital. Por que lo esencial sigue siendo invisible a los ojos, porque cuando uno esta triste o solo o muerto de miedo o de frió, sigue habiendo un único e irreemplazable alivio, un abrazo.